La productividad: la gran olvidada

Ningún político habla de la mediocre trayectoria de la productividad en España. Sin embargo, sin su aumento sostenido ninguno de los principales problemas de su economía tiene solución
No se habló del lento avance de la productividad en España, ni menos de sus causas, en la moción de censura presentada por Podemos, arrinconada hoy en el baúl de los trastos inútiles. Tampoco se mencionó en el reciente congreso del PSOE, aspirante a partido de gobierno en base a competir por el electorado situado más a la izquierda del espectro ideológico. Y menos se refiere a ellas el gobierno ni Ciudadanos, su muleta parlamentaria, empeñados en identificar crecimiento del PIB o del empleo con bienestar. Poco les importa que, sin necesidad de compartir que el PIB sea un instrumento ideológico como defiende Pat Hudson en el blog de la LSE, la concordancia entre ambos ha dejado de existir. Como tampoco les altera que, en el terreno del empleo, sea suficiente trabajar una hora la semana anterior la encuesta para que la EPA considere a la persona como ocupada.

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La década perdida: 2007-2017

La etapa más brutal de la crisis que ha experimentado España en el último siglo va quedando atrás. La recuperación del crecimiento y del empleo es un hecho. Ahora bien, estos signos positivos tienen contrapartidas negativas muy destacadas. Tantas que invitan a abandonar cualquier tipo de complacencia. Es más, contemplados en su conjunto, los rasgos principales de la recuperación configuran un panorama preocupante.

Las razones son muchas, pero entre ellas destacan dos. La primera, es que la economía española sigue hoy alejada del nivel de ocupados previo a la Gran Recesión. Y la segunda, porque, como ha puesto de relieve el gobernador del Banco de España, el avance de la productividad sigue siendo muy modesto. Algo obvio, por otro lado, cuando los sectores motores de la mejora son los mismos, de baja productividad y, por tanto, de bajos salarios, que antes de 2007. Desde esa perspectiva, no cabe engañarse: estamos ante una década perdida en el esfuerzo, imprescindible para mantener y mejorar el bienestar, de alejarnos de competir en base a bajos salarios.